El círculo de inspiración de “Origen” inicialmente se complementa
con dos excepcionales músicos:Jesús y Ramón Rodríguez,
con quienes inmediatamente sentí una especial comprensión e identificación,
sumergiéndonos en nuestra inspiración.

Mientras Jesús plasma su creatividad en los arreglos, las canciones adquieren la dimensión precisa.
Así surge una fusión de “world music”, “new age” y del fascinante sonido étnico andino.
Nuestra sintonía es tal, que juntos concebimos las melodías de “Diesseits und Jenseits”,
“Almas Gemelas” y “Entre Líneas” y cada una de las melodías anunciaba su propio mensaje,
cuyas palabras sólo tuve que escribir.

Ramón complementa los arreglos con su oído absoluto, genialidad y virtuosismo.
En nuestro proyecto toca las quenas, quenachos, zampoñas, toyos, tarkas, flauta de pan cromática, charango, mandolina, guitarra, bajo, piano, canta los coros junto con Jesús... es un privilegio.

Mi amiga Laura Santa María se unió a nuestro "círculo de inspiración"
aportando su talento musical y sus ideas siempre divertidas.
Emocionada, llegaba con sus ideas brillantes y me pedía “¡Elleen, canta esto!”
Así surgieron varios pasajes melódicos que musicalmente intensifican el mensaje de “Origen”.

Como mi padre decía: “la música ennoblece el espíritu de grandes y chicos, sensibilizando a la gente”, frase que llegué a entender cuando en la música descubrí el derecho sagrado de sentirla y el deber divino de crearla; llegar a respirar las notas como si fuesen aire y cantar melodías como si fuesen un idioma. Ésta es la manera más clara de expresar y dar a entender mi relación con la música.

Tuve una singular atracción por los instrumentos oriundos de cada cultura en el mundo, ya que representan sentimientos ocultos dentro de las etnias, que nos invitan a sumergirnos en las vidas que existieron, existen y existirán.

Gracias a estos instrumentos podemos sentir la música y encontrar su verdadera esencia, por lo tanto, la evolución musical es un reflejo de la evolución del ser humano.

“Origen” es el resultado de la mezcla de sentimientos ocultos étnicos con creatividad y armonía.

En este disco, por primera vez, sentí ser una especie de traductor entre sentimientos y notas, logrando un nivel de entendimiento artístico al cual no pensé llegar.

Jesús Rodríguez

Tengo 38 años, soy músico desde hace 31 y billarista desde hace 17, cuando tenía 21. Desde que tengo uso
de razón he convivido con la música y los instrumentos musicales, desde un piano clásico hasta un bastón o un rebanador de huevos, a los que hacía emitir las notas musicales con la misma naturalidad con que las oía.

Pretendí estudiar Dirección Coral en la Escuela Nacional de Música, a donde ingresé a los 17 años. Al cabo de un tiempo descubrí, con cierta desazón, que me había tardado 182 semanas en aprender el nombre del que era un acorde muy familiar en mi etapa del biberón…el denominado “Séptima de Dominante”. Entendí entonces que la denominación “dominante”, obedecía al tiempo que tuve que asistir a clases hasta que lo identificara; no sonoramente, más bien de nombre. La primera vez que oí decir al profesor “La Séptima de Dominante”,
pensé que era algo así como “La Quinta de Beethoven”.

Me formé musicalmente en casa, en un ambiente familiar reducido, de unos 3 x 4 mts2. Abundaban los instrumentos musicales, mas no el oxígeno… ¡¡¡12 personas en 12 mts.²!!! …una matemática asfixiante.

Toco la guitarra apoyándola en la otra pierna, …la de mi hermano. La quena con las manos invertidas,
virtud que a la postre me traería la segunda desazón: “la flauta traversa fue inventada sin pensar en los quenistas invertidos…, en el buen sentido.” Intenté arreglar el problema tocando frente a un espejo, pero no funcionó. El músico era yo y no el del espejo.

Me puedo jactar de tener un buen oído: puedo diferenciar claramente el rugido de un león, del balido de una oveja.

Adoro la música en general, cuando está bien hecha. Me apasiona la música a capella. Desde los 17 años transcribía grabaciones de grupos vocales como “The Manhattan Transfer”, “The Singers Unlimited”, “Os Cariocas”, “Buenos Aires 8”, “Les Luthiers” y “Los Toribianitos”. Aparte de practicar el arte de transcribir,
la idea era vender las transcripciones a grupos vocales del medio. Finalmente me las compraba yo mismo. (...porque aquí no existía ningún ensamble vocal.)

Trabajar en este álbum con Elleen, ha sido una magnífica experiencia. Lo que más me gustó fue haber hecho muchas partes de sus obras en 7/8. ¡Era loquísimo…el sonido de los andes en un ritmo muy extraño! Sabíamos que Jesús no estaría de acuerdo con el 7/8, por ser él bastante conservador. Finalmente,
Elleen y yo coincidimos en que esos pasajes los reservaríamos para una próxima producción…

La mejor recompensa será que, luego de oír este álbum, el oyente se quede con ganas de seguir escuchando más de 12 temas. Sólo así, sabré que todo el esfuerzo, cariño, ganas y cientos de horas en el estudio,
...no habrán sido en vano.

Ramón Rodríguez

Desde que nací el oído ha sido mi mejor aliado y la música fue siempre mi refugio. Me divertía bailando y cantando melodías complejas. Estudié idiomas, piano y ballet.

Después de mis estudios de canto en el Conservatorio de Lima, quise llegar al origen de las culturas que,
a través de su música e idioma, me habían inspirado. En esa búsqueda viajé a Europa.
En Hamburgo estudié en el “Musikseminar”, donde enseñan la técnica vocal antroposófica.

Luego asistí a la Escuela Superior de Música de la misma ciudad. Finalmente, la profesora Kay Montgomery,
con la que estudié “the total voice technique”, una técnica aplicada en el Jazz,
me permitió adquirir un concepto integral de la voz.

Al volver me dediqué a procesar lo vivido y llegué a la conclusión que la enseñanza del canto era el medio idóneo para aplicar mis conocimientos, motivando a mis alumnos a desarrollar todo su potencial y a ser ellos mismos.

Fue fácil integrarme al círculo de inspiración de “Origen” cuando Elleen, con su naturalidad y espontaneidad, me invitó a participar en los arreglos de sus canciones, porque lo que ella estaba haciendo era muy auténtico y propio.

Laura Santa María

Nací en Berlín. Mi madre alemana y mi padre árabe eran amantes de la buena música.
Crecí rodeada de una amplia gama de estímulos sonoros. Mientras mi padre narraba cuentos de pastores de Jerusalén, tocaba en la flauta escalas modales que conmovían hasta las lágrimas. La voz de mi madre llenaba cada rincón de nuestro hogar con sus piezas favoritas para soprano dramática. Reinaba el júbilo musical.

A la edad de siete años viajamos al Perú. Recuerdo claramente rostros sonrientes en las extrañas calles...
Con el tiempo eché raíces. Las tradiciones y la música de los pueblos me revelaron el sentir de aquella cultura hasta entonces desconocida para mí, y que más adelante me motivó a dedicarme al canto.

Mi objetivo principal era difundir la música peruana que había perdido popularidad. Con éste propósito realicé conciertos, grabaciones y programas televisivos.

Cuando nació mi hijo me dediqué plenamente a la maternidad. Nutría alma y espíritu con textos antroposóficos
que reflejaban mi propia visión de la vida. Todo en mí adquirió profundidad, incluyendo mi voz
y mi madre lo percibía confesando que se le erizaban los vellos al oírme.
Pocos meses después ella regresó a la eternidad... ante el intenso encuentro con la vida y la muerte surge mi nueva etapa artística, en la que empiezo a crear canciones.

Elleen Burhum

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